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Pedagogía
Waldorf
El
Arte de la pedagogía
Triformación
del ser
Socialización
ternaria
Primer
septenio
Segundo
septenio
Tercer
septenio
Escuela
de padres
Integración
pedagógica
Vínculos
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El
Arte de la pedagogía y la pedagogía en el arte
“No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para
mantener el orden social establecido, sino qué potencial hay en
el hombre y qué puede desarrollarse en él, para que ésta
fuerza de las nuevas generaciones aporte y dignifique el orden
social establecido”
Franz Carlgren
Triformación del ser
No se trata de crear una nueva escuela o colegio sino de
vivenciar la verdadera escuela, donde la familia pueda desplegar
un sentimiento cálido de fraternidad, y donde el niño, el
muchacho, el adolescente, pueda recuperar los roles propios a su
edad, género y época, preparándose para gestar una nueva
comunidad llena de entusiasmo, interés genuino por el otro,
conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea, garantía que
ofrece un programa educativo innovador, en el que interactúan
armónicamente las actividades intelectivas, artísticas,
sociales y prácticas, para así llegar a un desarrollo íntegro
de todo el ser humano: de su pensar creativo, su sentir y sus
fuerzas volitivas.
La pedagogía Waldorf se basa en conocimientos íntimos de
la naturaleza humana respetando sus aspectos físicos, anímicos
y espirituales. Se ha podido demostrar con esta ciencia pedagógica,
que el ser humano hay que considerarlo como un ser triformado
para realmente llegar con medios educativos al niño en su
totalidad.
Ésta triformación del ser divide físicamente al hombre
en tres grandes sistemas:
v
El
Nervioso – Sensorio (Sistema nervioso central y periférico,
huesos, articulaciones)
v
El
Respiratorio – Circulatorio (Corazón, pulmones, arterias,
venas, sistema linfático)
v
El
Metabólico – Motor (Músculos, órganos de la digestión)
A cada sistema físico corresponden cualidades anímicas
como el pensar y lo que esto genera, como el intelecto, el
conocimiento, al sistema nervioso – sensorio; el sentir al
sistema respiratorio – circulatorio; el querer, a través de
las fuerzas de la voluntad, al sistema metabólico –
motor.Desde el punto de vista anímico, la función de la
educación es favorecer y permitir el desarrollo y libre
despliegue de las cualidades anímicas antes descritas, pensar,
sentir y querer, en el individuo.
Socialización ternaria: fraternidad, libertad, igualdad
En la integración con el medio que la circunscribe, local,
regional y mundialmente, la pedagogía waldorf propende por una
socialización ternaria:
v
Fraternidad
social en la vida económica.
v
Libertad
espiritual en la vida cultural.
v
Igualdad
democrática en la vida jurídica.
La Escuela Waldorf
mantiene éstas
máximas como razón de ser de su integración social.
Fraternidad en lo económico al recuperar el valor intrínseco
del trabajo como objeto social y no como simple medio para
acumular dinero. De ésta forma, cada grupo familiar aporta a la
escuela, en lo económico, proporcional a sus ingresos. La
escuela waldorf como órgano social cualificador de los roles de
hogar y relaciones familiares a través, entre otras, de las
“Escuelas de Padres” genera un absoluto sentido de
pertenencia todavez que se pasa del tradicional gobierno autocrático
al autogobierno, alegre y fraternal entre padres y maestros.La
necesidad de recursos económicos, humanos y físicos están
adaptados a la suplencia en padres y personal administrativo, y
a la conformación de redes para su captación y distribución
exonerando de ésta responsabilidad a los maestros, que deben
contar con todo el respaldo y seguridad en su proceso de
autoformación y educación continuada.
Libertad espiritual en la vida cultural al independizar los
programas curriculares, las organización de las clases, los métodos
y sistemas de evaluación e investigación del medio externo, es
decir de las necesidades de la industria o del estado, de lo
económico y lo político.
La Ciencia
y
la Educación
deben permanecer siempre libres de todo tipo de presión para
permitir su total y generoso despliegue sin barreras de credos,
fronteras y paternidades y las bases de éste curso dependen de
cómo el individuo se ha formado desde su más tierna infancia.
Igualdad democrática en la vida jurídica al Integrarse el
niño a un medio social con familias con intereses comunes, para
que su crecimiento y desarrollo puede encontrar una justa relación
entre su individualidad y el mundo, entre su ser individual
personal y su ser social. Este será un referente claro para los
demás entornos sociales y medios de comunicación que
pretendan, como es de normal ocurrencia, desvirtuar los valores
éticos y morales improntados en su posterior desenvolvimiento
en etapas posteriores. La pedagogía waldorf tiene los elementos
para fortalecer al niño en ese duro proceso. Coadyuva la
conformación dentro de las escuelas las Juntas de Maestros y
Asociaciones de Padres que confluyen en mutuo respeto y
cooperación en las Juntas Directivas, con amplio sentido de
responsabilidad y un nivel de autoevaluación y autoeducación
permanente. Además la no valoración cuantitativa del educando
le permite desarrollar en él un sentido de responsabilidad,
diluyendo los sutiles elementos de poder y la subyugación a él
que genera un ambiente de permanente competencia y
reconocimiento sobre los demás, que claro, nunca se observará
en una escuela waldorf. Cada semana padres y maestros de forma
independiente, realizan actividades de perfeccionamiento de su
rol, tendientes a la cualificación de su aplicación sobre
hijos y alumnos. Es de normal ocurrencia los festivales
mensuales en los que se presentan los trabajos artísticos,
manualidades e integración de padres y maestros. Cada escuela
es libre e independiente para hacer las adaptaciones a la región
en la que se encuentra, indudablemente, sujetándose a los
lineamientos de las secretarías de educación correspondientes.
Así pues, el sentido de justicia tendrá profundas raíces anímicas
y comportamentales desde lo individual hacia lo universal,
convirtiéndose no sólo en un logro, sino en un objetivo
permanente.
El desarrollo de la metodología tiene especial cuidado en
la aplicación por septenios:
v
Primer
septenio, de los
0 a
los 7 años. La visión del mundo y las relaciones vitales deben
estar enmarcadas bajo la máxima de
la BONDAD.
(“Todo mi universo es bueno”).
v
Segundo
septenio de los
7 a
los 14 años. La visión del mundo y las relaciones vitales
deben estar enmarcadas bajo la máxima de
la BELLEZA.
(“Todo mi universo es bello”).
v
Tercer
septenio de los
14 a
los 21 años. La visión del mundo y las relaciones vitales
deben estar enmarcadas bajo la máxima de
la REALIDAD.
(“Todo mi universo es real”).
Primer septenio o de la bondad –Jardín de Infantes
Sobre el primer septenio se hace especial énfasis en la
educación en el hogar, facilitando todos los recursos para que
sea preferiblemente la madre quien acompañe permanentemente a
su hijo. Tradicionalmente las escuelas waldorf han recibido a
los niños desde la edad parvular en el Jardín de Infantes, en
la que el descenso del Yo, cuando el mismo se nombra, le abre la
posibilidad a un proceso de socialización sin mayores traumas.
Sin embargo en nuestro medio, se ha visto la necesidad de
adaptar los maternales, por la dificultad de permanecer la madre
en su hogar y la confianza de que sea un mismo proceso de acompañamiento
en todo el primer septenio. En torno a los tres años el niño
deja de nombrarse en tercera persona y empieza a hacerlo en
primera y a utilizar "yo", "mío", etc. Todo
ello, así como la etapa del "no", relacionado con el
primer despertar de la conciencia del Yo, es un hito importante
en el proceso de individualización del ser humano. En este
momento, que debe coincidir cronológicamente con la cercanía a
los tres años, el vínculo materno debe permitir un nivel de
socialización compatible con la escolaridad.
El arte y la aplicación pedagógica de la maestra
preescolar consiste en identificar los momentos emocionales
desde la individualidad, para que, sin detrimento de ésta, sean
llevados los niños a un rítmico respirar en actividades de
contracción y expansión, proceso mágico que le permite al niño
progresivamente armonizar todo su ser, propiciando un desarrollo
físico, mental, emocional y espiritual que lo acompañará por
el resto de su vida. Día tras día repetimos la misma secuencia
de actividades aunque variando los contenidos. Esto, junto con
la periódica experimentación de los ritmos semanales,
mensuales, trimestrales y anuales: Son las formas más adecuadas
para introducir al niño en las vivencias del tiempo. Al ritmo
diario se incorpora la polaridad propia del día, de lunes a
viernes, es decir desde la luna hasta venus, reforzado con el
cereal de la merienda, también correspondiente a ésta
polaridad diaria. Al ritmo mensual, una actividad de integración
escolar. Al trimestral las fiestas cósmicas representadas en
la Pascua
, San Juan, Micael y Adviento. Al ritmo semestral, los recesos
por término del año calendario y año escolar.
Haciendo énfasis en el ritmo y con la seguridad de contar
con la continuidad de éste proceso en el hogar, los órganos físicos
del niño se desarrollan y moldean para el advenimiento
posterior de las fuerzas volitivas y del conocimiento. Por esto
se evita una intelectualización prematura como la
lectoescritura y la asignación de deberes y responsabilidades
distintos a los que el niño va adquiriendo por la mera imitación
de padres y maestros. Esta intelectualización prematura minaría
el armonioso desarrollo de sus facultades psíquicas y hurtaría
energías al mismo cuerpo físico en la etapa más importante de
su desarrollo.
Se practican cotidianamente actividades artísticas y
trabajos manuales con un sentido practico y bello. Así, en la
bella repetición de juegos, pequeños oficios y manualidades,
hacemos posible la fortificación de
la VOLUNTAD
del niño: se desarrollan habilidades dormidas que acercan en
sus imágenes, al niño al conocimiento directo del mundo y sus
contenidos.
El niño en el Jardín de Infantes crea una relación con
su maestra que no genera competencia con su imagen materna. Por
el contrario, la refuerza y ése es uno de los tantos baluartes
de la educación preescolar en la pedagogía waldorf. De la
misma forma que no tenemos una madre por un periodo determinado,
la relación continúa hasta terminado su primera época, su
primer septenio, cuando el niño está preparado para una nueva
etapa de desarrollo.
Así pues, con la llegada permanente de nuevos niños al
mismo grupo, en diferentes edades, se van sembrando los valores
de la tolerancia, el respeto y la admiración. Éste es otro de
los grandes pilares de la pedagogía waldorf, pues en una de las
etapas más importantes de la vida del ser, su primera infancia,
tiene el refuerzo cotidiano que florecerá en su adolescencia y
madurez como es la devoción y respeto por sus congéneres,
cualidades que se siembran con ésta particular forma de
compartir su escolaridad en el Jardín de Infantes con grandes y
pequeños. Se conforman grupos que contienen como máximo 20 niños.
Se ofrece y trabaja con un material didáctico “orgánico”,
concebido para desarrollar la imaginación y la creatividad
social, semilla para un correcto enfoque de las conductas de
sociabilidad cuando sea adulto y base para una adecuada relación
con lo espacial y temporal.Se hace énfasis en la adquisición y
refuerzo del lenguaje materno (teatrillos, cuentos, poemas y
canciones) para que se conforme y fortalezca el aparato del
habla y el pensamiento. Los cuentos son cuidadosamente escogidos
para que nutran sus arquetipos emocionales aún no manifiestos.
Esto no excluye cantar canciones en otros idiomas.
Segundo septenio o de la belleza – Educación Básica
En el segundo septenio, al partir hacia
la Educación Básica
, la primaria, con la erupción de sus primeros dientes
permanentes, es todo un acontecimiento interno y externo y como
tal se le da la importancia necesaria.
Esta fase es idónea para utilizar el poder de comprensión
del niño en el aprendizaje de materias más abstractas que
incluyen por supuesto lectura, escritura y aritmética. Sin
embargo, para el niño no se trata solamente de adquirir
conocimientos sino que le es igualmente necesario experimentar
vitalmente el conocimiento en el corazón y en la mente de los
adultos cuya autoridad desea y necesita reconocer. La escuela
Waldorf responde a esta necesidad con la figura del
"Maestro de la clase principal", el modelo de imagen y
autoridad central, aunque en modo alguno el único maestro de
clase durante esta etapa que va desde el "cambio de
dientes" hasta la pubertad y cuya duración típica es de 8
años. Otro de los grandes pilares de ésta pedagogía, puesto
que el niño en ésa bella metamorfosis hacia la adolescencia es
acompañado durante siete años por el mismo maestro o maestra
que le garantiza un respaldo y seguridad al compenetrarse con su
temperamento y variaciones de carácter. Corresponde a éste
maestro tutor, la tarea de guiar a este grupo de niños durante
estos años tan importantes, así como de cubrir gran parte del
programa de estudios.
Durante estos años (del primero al octavo grado), se
imparten todos los conocimientos básicos sobre el lenguaje, las
matemáticas y geometría, las ciencias sociales y naturales y
asimismo se llevan a cabo todas las actividades que cultivan la
imaginación (recitado de poesía, dibujo, pintura, teatro, música).
Sin embargo, la tarea esencial del maestro, tanto en las
actividades prácticas como en las culturales, es trabajar con
los alumnos como un "artista". No se trata únicamente
de que al alumno se le enseñe "arte", sino que se le
deben enseñar las materias "no artísticas" de una
manera artística e imaginativa. Esto es válido, aunque de
diversas formas, para las matemáticas, la gramática, la
carpintería, las manualidades, los deportes, la música y los
idiomas, materias todas ellas incluidas en el plan de estudios.
Por ejemplo, es más importante en la "Historia"
que el niño disfrute y de alguna manera reproduzca la capacidad
de observación, curiosidad, decisión en el “Descubrimiento
de América” y la sorpresa y maravilla inicial de los aborígenes,
que el aprender las fechas importantes.
En Geografía, la comparación desde su entorno con la
reproducción por diversos recursos de las zonas climáticas de
los diversos continentes con sus relaciones socioculturales, y
la forma como la naturaleza ha condicionado comportamientos,
tendrá mayor significado que la mera memorización. Básicamente
el maestro se dirige artísticamente a la sensibilidad y
capacidad de crear imágenes del niño de
7 a
14 años, que a la materia de estudio en sí.
En ciencias naturales, la capacidad de maravillarse ante lo
simple y sencillo y la forma como las leyes físicas que el
mismo niño puede reproducir las patenta en todo su entorno
directo con recursos prácticos y reproducibles. Esto lo va
vinculando y relacionando en su relación microcósmica, al ver
y sentir que todo lo que ocurre fuera de sí también está
dentro de él mismo. Verbigracia todos los fenómenos fisiológicos
que son imágenes de los comportamientos físicos.
El mantenimiento de la huerta y los animales domésticos
cerrando los ciclos desde la siembra hasta la cocina y el
cuidado y cardado de ovejas hasta la elaboración de prendas
sencillas de lana, lo hacen menos dependiente de la sociedad de
consumo y con mucho menos posibilidad de llegar a extremos de
angustia y estrés por considerarse partícipe y responsable de
alguna manera, de sus mismos procesos de sobrevivencia.
Coherente con este enfoque, todo en una escuela Waldorf,
desde el mobiliario de la clase hasta la forma de recitar unos
poemas, desde el tipo de elementos utilizados en la escritura
por el alumno hasta los ejercicios físicos, se considera con
dos criterios en mente: debe ser funcional o útil y, además,
bello.
La didáctica de
la Clase Principal
es otro de los baluartes de la pedagogía waldorf. Es en ésta
clase en la que un mismo maestro acompaña por ocho años a sus
alumnos, justo en la etapa en la que necesitan de un modelo que
además comprenda los sensibles cambios tan definitivos entre el
cambio de dientes y la pubertad. Debe ser un maestro integral y
polifacético, todavez que imparte las materias eminentemente
artísticas como el dibujo, canto, flauta, modelado, pintura,
hasta las materias de las ciencias naturales y sociales como la
botánica, zoología, anatomía, geografía, geometría, matemáticas,
historia, geología etc., hasta dejar a su grupo, en el noveno
grado, en manos de los maestros especializados del nivel
superior del bachillerato. Ésta Clase principal desarrolla un
mismo tema en un periodo de tiempo de alrededor de 2 horas con
el que comienza el día, siguiendo el mismo tema durante varias
semanas, llamándose éste tiempo una época, coincidente muchas
veces con las mismas de la naturaleza o las místicas como el
adviento o la pascua. El tema de determinada materia se cubre
parcialmente en una época, para, dejándolo dormir, terminarlo
en una época posterior: ésta recordación de experiencias que
se han quedado en “ensoñación” le permiten al muchacho
incorporarlas anímicamente al fluir de su interior su relación
íntima con cada uno de los temas, además que ejercita
poderosamente la memoria, considerara ésta no como un
almacenamiento de datos, sino de experiencias e imágenes
interiores. Esta Clase Principal comienza con un preludio,
consistente en la pronunciación de un verso o ronda musical,
para entrar a la primera parte, que estimula el pensamiento por
medio del intelecto aflorando a base de la escucha, la comprensión,
el recuerdo o el debate; la segunda parte estimula el
sentimiento por medio de actividades artísticas y
experimentales con vivencias de hechos de la humanidad y la
naturaleza; la tercera parte apela a la voluntad en donde se
elaboran o materializan los conceptos anteriores, para que de
manera real y física se trasladen los conceptos incorporados y
muestre y exprese el muchacho su conexión con el tema por medio
de tareas activas ya sea escribir, dibujar un mapa, modelado o
algún tipo de movimiento; el epílogo es tan importante como
todo lo demás y consiste en una narración deacuerdo a la edad
de los muchachos, con modelos éticos de valores que se erigirán
como modelos de sus anhelos preconscientes, como las fábulas,
la mitología, etc. El Maestro de Clase todavía no apela a las
fuerzas de discernimiento y juicio crítico latentes en el niño.
Este en las escuelas Waldorf constituye una experiencia muy
completa.
El niño de
7 a
14 años supone que los adultos lo saben todo. El adolescente aún
mantiene esta esperanza. Si estas creencias y expectativas de
autoridad son satisfechas durante los 7 años iniciales en la
educación básica en
la Escuela Waldorf
, el alumno será capaz de ejercer autoridad sobre sí mismo en
su edad de forma más eficaz.
Tercer septenio o de la realidad – Educación secundaria
En el Tercer septenio, apenas en la escuela permanece tres
o cuatro años en los que inicia
la Educación Secundaria
que en la escuela waldorf contempla los grados noveno a duodécimo.
Durante ésta etapa, el joven idealiza la nueva imagen del
adulto. A partir de los 14 años de edad el niño busca
encontrar en sus maestros cualidades tales como voluntariedad,
buena disposición, consideración, buen corazón y dominio de sí
mismo. El niño ya no acepta la autoridad: desea seguir a un líder
elegido por él.
El joven de
la Secundaria
encuentra este significado de lo adulto en sus maestros, los
cuales son expertos al haberse dedicado en profundidad a dominar
su especialidad: la lógica en las matemáticas, la habilidad
manual en el trabajo de la madera y el metal, de la piedra o de
la cestería, o el desarrollo de la expresión corporal en
euritmia y gimnasia.
Cada alumno se inclinará más por ciertas personas y áreas
de actividad de acuerdo con su gusto y talento. Al mismo tiempo
todos han de aceptar la disciplina de cada tema de estudio, así
como aprender la ayuda mutua hecha posible por un enfoque
interdisciplinar. Respetando ésta individualidad, se hace mucho
más énfasis en la responsabilidad. Podríamos decir que éstas
son las dos palabras claves de éste periodo escolar:
individualidad y responsabilidad. En la escuela estará dedicado
a un instrumento musical y una expresión manual. Todos los
muchachos participarán activamente en su respectivo grupo de
teatro, coro y euritmia. El joven está en capacidad de aportar
socialmente y de ésta forma se le asignan responsabilidades. En
el décimo grado asistirá además, por un periodo de dos o tres
meses a una granja dedicado a trabajo eminentemente físico,
acorde con su disposición. Esta ejercicio coincide con una
etapa que vive el adolescente en la que necesita hacer
despliegue a sentimientos y emociones. El trabajo responsable
sobre los mejores exponentes de las emociones, como los animales
domésticos, le permiten conducir, relajar y capitalizar éstos
sentimientos.
En el undécimo grado colaborará por periodos
intermitentes en trabajo social comunitario, como hospitales,
hospicios, escuelas, etc. En el duodécimo grado elaborará un
proyecto social.
Así pues, emergerán de estas escuelas los hombres y
mujeres que dignificarán nuestra sociedad.
Escuela de padres: reeducación familiar
Padres y maestros trabajan mancomunadamente no solo en las
necesidades propias a los requerimientos del proyecto educativo,
sino en su permanente reeducación, conformándose las
necesarias Escuela de Padres y Escuela de Maestros. La primera,
sesionando cada dos semanas, de libre asignación de sede de
reunión y la segunda sesionando cada semana en el colegio en
periodo escolar. Existe la posibilidad, de acuerdo a los
intereses de padres, maestros y allegados a la pedagogía y el
colegio, conformar otras escuelas o grupos de trabajo como
la Escuela
de Pedagogía Curativa, Escuela Artística (pintura, dicción muñequería,
tallado, danza, modelado en arcilla y cera de abejas, etc.),
Escuela de Agricultura Biodinámica, Escuela de Medicina
Antroposófica, Escuela Eurítmica y Escuela Administrativa.
Integración pedagógica
Permanentemente el colegio estará en contacto nutrido y
constante con las escuelas Waldorf no solo en el país en el que
aumentan cada año, sino con las del resto del mundo ya que
existen más de 1.500 programas entre preescolares, colegios e
instituciones ofreciendo desde Maternal, Jardín de Infantes, Básica
Primaria, Secundaria, hasta el nivel universitario.
Vínculos
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Padres
disfrutando una jornada pedagógica
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